Un organizado servicio de cocina

En la Legión, como en todas las unidades del ejército español, en los años del servicio militar obligatorio era posible poder realizar diversas actividades de acuartelamiento (mantenimiento, limpieza, reparaciones, obras, jardinería, restauración, etc.…) que no eran estrictamente castrenses. Entre ellas, obviamente, se encuentra el SERVICIO DE COCINA y (al menos que yo recuerde) de alguna manera había un turno de “voluntarios” por compañías. Para algunos no era precisamente agradable, según donde, cuando y con quien tocase realizar la faena.

“Comida sana y abundante, la que dan en el Tercio de Extranjeros, cocinada por cinco o seis mangantes, a los cuales llamamos los rancheros”

Periódicamente la responsabilidad de la gestión económica y organizativa de la cocina era encomendada a los diversos mandos del Tercio (capitanes de compañía principalmente) y para agilizar algunas tareas se proveían de los legionarios “voluntarios” de sus respectivas unidades.

Además, la calidad del menú dependía en gran medida de la capacidad del mando de turno. Con el montante económico asignado y las habilidades legionarias adquiridas (búscate la vida que estás en el Tercio) se trataba de dar el mejor menú posible.

En el Tercio Gran Capitan se comía muy bien.

El piante 1989

Como no podía ser menos, nosotros, los de PLMM, también nos ofrecimos “voluntarios” al servicio de cocina, hay que tener en cuenta que estábamos alistados en la DCC a efectos de organización cuartelera y en ese momento era esta compañía, con su capitán al frente, la encargada de este servicio.

Debido a nuestras misiones cotidianas, la aportación voluntaria al servicio tenía que ser en disponibilidad de tiempo libre. Por eso buen día nos formó el cabo cuartelero después de la jornada y nos encaminamos a un pequeño almacén que se encontraba cerca de las cocheras. Lógicamente no se nos informó previamente de que se trataba (posiblemente para evitar la deserción organizada, que te voy a decir que tu no sepas).

En aquel lugar, nos encontramos con cajas de “raciones de combate” de desayuno. Las ordenes eran desmontarlas y también aprovechar, en la medida de lo posible, lo que se pudiera, de tal suerte que el café y la leche fueron vertidos en diversos peroles para su posterior traslado a la cocina y aportación diaria en el desayuno. Creo que también hubo algo con sobres de cola-cao.

Hay que tener en cuenta que, por fecha de caducidad (que estuviese vencida por mucho) o por mala conservación (algunas cajas estaban mojadas) no era posible recuperar todo el contenido.

Durante días, pasamos varias horas abriendo sobres, desmontando cajas, vertiendo contenido, organizando, anotando, fumando, etc.… todo ello con el debido orden y puntillosa organización que correspondía a la PLMM del Tercio Gran Capitán. Supongo que esta aportación mejoró de alguna manera el rancho legionario en aquellos días.

Si tienes curiosidad aquí puedes ver el contenido de una ración de combate, desayuno. Haga click sobre esta línea.

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