Sábado de zafarrancho y yo con estos pelos.

En esta imagen donde hablo sobre mi, aparezco vestido de bonito y que llevase barba es culpa de un sábado de zafarrancho en la compañía.

Ahora es frecuente ver a legionarios (incluso militares de otras unidades) con vello facial arreglado, pero en el tiempo que yo estuve en el Tercio, no era fácil, si se pasaba más de un día sin afeitar, tenias un aviso sobre la necesidad del rasurado.

Además, los de la PLMM no teníamos mucha escapatoria, lo dicho, maquinilla y espuma diariamente.

Los sábados era el día del zafarrancho en la compañía, nos dedicábamos de manera organizada al pequeño mantenimiento y tareas varias orientadas a la limpieza de toda la compañía (eso incluía letrinas, dormitorio, sala de televisión, sala de cabos, oficina, sala de cañones, patio, etc.), vamos que ese día ya teníamos las mañanas organizadas y era nuestra casa al fin y al cabo.

Pero a nosotros en la DCC, nunca nos pasaban revista, éramos independientes (a ver, teníamos nuestros mandos, pero no había visitas ajenas) con lo que de alguna manera la impedimenta personal era más relajada de lo habitual. Muy, muy relajada, parecíamos una banda más que una compañía.

No se el motivo, pero aquel sábado un moreno simpaticón, con destino en el almacén de prendas, se dejó caer por el “chalecito” y nos pillo de aquella manera, a todos. De tal suerte que el aviso del asombrado cuartelero ¡COMPAÑÍA EL BRIGADA! Hizo correr al cabo de cuartel a dar novedades y ordenarnos formar.

Ahí en aquella formación se pudo ver a una banda de legionarios desaliñados, y entre ellos yo, sin afeitar aún. Seguramente no lo haría porque tendría pensado quedarme en la compañía todo el día.

Así que el brigada pasó revista, estoicamente y sin decir ni pio a nadie (supongo que ya sabía él donde se había metido), solo al llegar ante mí, me miró y me pregunto por el afeitado “mi brigada, he tenido alergia cutánea y con su permiso he de estar sin afeitar unos días” (no me preguntes de donde salió aquella respuesta, aún la estoy buscando, que yo recuerde no he tenido en mi vida una alergia en la piel) a lo que él suboficial respondió con un escueto “muy bien” … yo por dentro celebré mi éxito, había eludido la advertencia.

Vale, la revista de compañia se superó, sin problemas, todo bien. La única salvedad el tonto de turno sin afeitarse.

Alguien me avisó “ahora vas a tener que dejarte la barba, si te afeitas, el brigada te va a empapelar”, aquello fue motivo mas que suficiente, había que seguir con el envite hasta el final y estuve unos meses sin pasar la cuchilla.

Le cogí el gusto a aquella cara, además me la arreglaba en la barbería (en la planta superior del mesón) todas las semanas.

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