ESCRIBIENTE DE GUARDIA «PRESENTE»

Todos hemos pasado por hacer una guardia o servicio de armas, pero para el servicio de “escribiente de guardia” tan solo unos pocos fuimos escogidos y obviamente incluidos en la Orden del Día correspondiente, eso te pone firme solo de pensarlo.

Esta figura forma parte de la “guardia de día del Tercio” estando bajo las ordenes directas del Oficial de Guardia. La asignación del legionario se realiza entre los escribientes de PLMM, siendo su misión escribir las novedades en el libro de guardia y en su caso, las órdenes correspondientes si proceden y, obviamente, lo que el mando estime oportuno.

Lo normal era presentarse al oficial por obligación y por deferencia al suboficial, antes del cambio de guardia, y una vez hecho con el brazalete y el armamento, consistente en una carpeta azul con indicaciones en su interior, si era día de semana, nos mandaban a nuestro quehacer cotidiano; si era festivo o fin de semana, normalmente, nos remitían a la compañía para estar localizados, decir que en todo caso, siempre había que pasar por el cuerpo de guardia y dar indicaciones (a la orden mi Tte. Con su permiso voy a comer, estoy en el mesón, …) a uno u otro mando para estar siempre localizable de manera fácil.

Según el criterio de cada oficial, los horarios (ten en cuenta que se trata de una guardia de 24 horas) y asignaciones eran diferentes, había quien prefería dejarlo todo a la tarde o noche, siempre antes de cenar, un repaso final antes del cambio de guardia, otros eran partidarios de ordenar asuntos periódicamente y claro, llega un momento que en La Plana ya sabíamos cual la forma de proceder habitual de cada uno, procurando adelantarnos con disimulada pillería.

Para ser sincero era un servicio, digamos “perita”, aún con la incomodidad que suponía las idas y venidas al cuerpo de guardia para dar aviso y tal, pero se hacía normalmente sin inconveniente alguno y hasta tenía ciertas ventajas. En todo caso, ya sabes, los de PLMM eramos un mundo aparte.

Pero claro, ya sabemos que lo mejor de algo planificado, sobre todo en el Tercio, es la capacidad de adaptarse al cambio, vamos que no sabes por donde te ha de venir el marrón pero si has de saber comerlo con elegancia, y eso más o menos fue lo que me sucedió en una ocasión estando en este servicio:

Aquel domingo y como era de rigor me presenté al oficial de guardia, que a la sazón coincidía que era mi Teniente García, de la cuarta sección de plana, vamos que nos veíamos todos los santos días.

Hechos los trámites de rigor, me facilita el libro y las llaves de las oficinas dándome indicaciones para que lo actualice. Se cumple, se dan novedades y marcho al mesón. Vuelta a dar novedades para ir a comer y se me ordena volver a la compañía DCC, el chalecito, hasta la hora de la cena y si salgo de allí, que avise. Vamos, lo normal.

Claro está que la vida en el chalecito, que da para un libro completo, era un mundo aparte del resto de compañías y en cuanto llegué me puse cómodo, vamos ropa de deporte, chanclas, etc… lo cotidiano de nuestra forma de vivir.

En plena hora de la siesta, me avisa el cuartelero que han venido dos del cuerpo de guardia, buscando al escribiente y me los veo con cara de susto al ver lo que teníamos montado allí y a mi mismo por como estando de guardia vestía de aquella guisa, me trasladan la orden del Oficial de Guardia de acudir al puesto. Ya se me ha torcido el gesto, algo ha sucedido para que me avisen de aquella forma y con dos legias.

Vaya si había pasado y en aquel instante fue el comienzo de una serie de órdenes, contraórdenes, escritos con máquina de escribir, utilizando papel calco, copias, y las modificaciones que dieron lugar a que un cabo, quien estando en buena embriaguez junto a un legionario, ambos en un vehículo de la segunda bandera, y habiendo tenido un accidente de tráfico fuera del Tercio. Sin dar parte alguno y volviendo de forma clandestina a las cocheras, la noche anterior, terminasen el fin de semana como arrestados en el cuerpo de guardia.

Claro está que una vez identificado el percance y los participantes, hubo que hacer toda la documentación correspondiente. Para poder dar la novedad en el parte del día correspondiente, hacer la inscripción en el libro de guardia, las ordenes al suboficial para que actúe en consecuencia, etc… de tal forma que a partir de toda aquella documentación, se actuase disciplinariamente de la manera que se considerase.

Si recuerdo este y alguno más de aquellos servicios, es debido a lo muy atípico de aquellas situaciones, puesto que lo más cotidiano era terminar “sin novedad”. También por la profesionalidad que pude percibir por todos participantes, nótese que era día festivo y no había disponibles mas que cabos y algún que otro tirilla, y también el poco gusto por ese tipo de actuaciones en todo el estamento del Tercio.

Terminar las acciones del servicio ya casi de madrugada y sin que tubiera mucho respiro de teclear la olivetti y escribir, también ayuda a que lo recuerde, aunque debido al tiempo pasado algunos detalles sean difusos.

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