MI CAPITÁN

Los oficiales de la escala legionaria, aunque no sea políticamente correcto, siempre levantan más expectación que los de «academia», aunque ya sabemos que esa singular y legionaria manera de crear mandos ya desapareció allá por 1990 y eso además, confiere una aura mística a los pocos que aún quedan en activo.

Mi capitán en mi destino en el Tercio en «cuarta sección de la plana mayor de mando del primer tercio» fue durante 1989 D. José Pinto Duran, quien anteriormente mandó a los «Hijos de la Noche» (6 Cia. II Bdra), yo hice la UIR con instructores de esta última y de no estar con él lo estaría con D. Julio Salóm, que a la sazón era Tte., mira tu por donde las cosas que tiene la legión.

Decir que el capitán Pinto era un tipo de pocas palabras, pero de grandes gestos, como el que tuvo cuando volví de mi primera guardia en refuerzo.

Los de PLMM y DCC generalmente no realizábamos guardias, aunque de forma periódica nos asignaban «refuerzos», es decir si la guardia generalmente empieza por la mañana, el refuerzo sale antes.

A eso, añadir que dentro de ese grupo que aumenta la guardia nocturna, los de «oficinas» teníamos asignada la misión de patrullar, como conté en UNA PATRULLA, UNA RADIO MUERTA Y EL CABALLO DE FRANCO, todo tenía un motivo …

Pero claro, siempre hay un «primero» con ganas y un legía recién subido a compañía que va con la caraja, en este caso yo mismo con mi equipo. Llega el momento y al menda lo suben en un vehículo con otros en dirección al fuerte de Maria Cristina. (lo que allí paso da para otra historia).

Que decir, una guardia como pueden ser otras tantas, de las que terminan después del alba y cuando llega la hora, en otro vehículo al Tercio.

La verdad que no recuerdo los horarios, pero cuando llegamos al cuerpo de guardia ya debería ser relativamente tarde, ya que si que recuerdo desayunar en el fuerte. Saludos a los mandos, revisión  de armas, etc… y rompan filas a la compañía.

Y aquí se pone interesante el tema en cuestión, ya que cuando llegue a la DCC, puesto que iba yo solo (el resto del refuerzo hacía tiempo que ya se había liberado) el cabo de la imprenta, a la sazón de guardia, poco menos que asustado por no saber donde estaba yo, el oficinista pasmado porque no había pasado lista a la mañana, en fin todos un poco alterados y aún se alteraron más al dar yo mi explicación. Quedado la alteración en nada.

Aseo personal, cambio de ropa (la higiene personal y de vestuario era obligada) y a la Plana, que yo recuerde entre unas cosas y otras seguramente llegué casi que a la hora del bocadillo y D. José Pinto me miró por encima de sus gafas, la verdad que no tenía aún confianza con él y casi me fusila con la mirada, y dijo aquello de «Pagán, que horas son estas, ¿donde has estado que nadie sabe de ti?» «pues mire mi capitán vengo tarde por la guardia porque ….» y le conté la historia de la noche de marras.

Al finalizar mi explicación, no dijo nada, ni cambió el gesto, tan solo asintió y descolgó el teléfono de su mesa. La verdad, desconozco donde llamó y con quien habló, pero el chorreo que recibió fue aúpa y  sentenciado con la frase «… que sea la última vez que al legionario de cuarta lo mandas a hacer guardias.» Colgó, me indicó que me sentase en mi mesa y siguió con su trabajo y yo me dediqué al mio.

No se volvió a hablar de aquel tema, como digo era de conversación escueta, pero si que es cierto que desde aquel día tuve la sensación de que si necesitase algo sabia donde acudir y  si me salía del camino recto recibiría una señal legionaria, y también sabía de donde iba a venir.

 

 

 

 

 

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Entrevista a D. Julio Salom

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